0

Enfermedades cardiovasculares y entrenamiento de alta intensidad

LA IMPORTANCIA DEL HIIT

Continuamos hablando sobre la enfermedad cardiovascular, retomando la última entrada que nos hablaba de esta patología y todos los factores de riesgo que la desencadenan. Concluíamos con qué tipo de trabajo conseguíamos mayores beneficios: trabajos a alta intensidad o baja intensidad, afirmando que los trabajos a alta intensidad proporcionan mayores beneficios que los de baja intensidad. Hoy vamos a resolver la siguiente pregunta:

¿Una persona que ya ha sufrido un episodio cardiovascular a qué intensidad o qué tipo de trabajo es mas beneficioso que realice para conseguir una mejora de su salud?

Antes de contestar a esa pregunta debemos saber que todo paciente cardíaco
ha pasado por un proceso desde que se efectúa su ingreso en el hospital hasta que sale de él y este proceso cuenta con sus diferentes fases:

  • Fase I: donde el paciente se encuentra en la UCI. Se clasifica al paciente según sea la lesión que sufra, para ver que intensidades de trabajo podría realizar.
  • Fase II: los pacientes son derivados a la unidad de rehabilitación cardíaca, y una vez allí se les hace una evaluación para saber su capacidad funcional y ver si no pueden realizar actividad física.
  • Fase III: se orienta a los pacientes para que lleven un estilo de vida activo y saludable (Achttien et al., 2015).

Una vez nos hemos puesto en situación pasamos a contestar la pregunta, y podemos afirmar que los últimos estudios apuestan por un tipo de entrenamiento interválico de alta intensidad denominado HIIT (hight intensity interval training). Este método de entrenamiento es el que en muchas ocasiones personas entrenadas suelen meter dentro de su planificación como una sesión mas de entrenamiento y que se basa en la alternancia de periodos de alta intensidad con periodos de baja intensidad o descansos, el cual ha demostrado que provoca mejoras superiores en calidad de vida, consumo de oxígeno y mejoras cardiovasculares que con los ejercicios aeróbicos a menor intensidad en las personas con enfermedad cardiovascular (Meyer et al., 2012).

De esta manera es considerado un método recomendable en las diferentes fases de la rehabilitación cardíaca (Achttien et al., 2015), siempre que se aplique sobre esta población de manera controlada, con unas medidas de seguridad y con un personal cualificado para ello.

Dicha metodología de entrenamiento basada en el HIIT, tiene unos beneficios marcados. Como hemos comentado anteriormente parece provocar mayores efectos beneficiosos que el ejercicio aeróbico, y sobre todo que dichas mejoras en la condición física general pueden asociarse a un incremento en la autonomía para realizar actividades y tareas rutinarias, así como prevenir condiciones de dependencia (Bocalini et al., 2008). Esto último es de gran importancia ya que una de las limitaciones que suelen tener estas personas es la aparición del miedo a la hora de volver a realizar actividad física, lo cual hace que se vuelvan mas sedentarios e inactivos, por ello la ganancia de autonomía debe ser un aspecto importante a trabajar.

 

Es interesante saber sobre este tema, que no solo las investigaciones actuales apuestan por este tipo de entrenamiento sino que incluso la guía alemana considera este tipo de ejercicio beneficioso dentro de la rehabilitación cardíaca, con el que incluso se logran  mejores resultados que con el ejercicio aeróbico a una intensidad moderada (Achttien et al., 2015).

Y pasamos a preguntarnos ¿las personas con dicha patología presentarían la misma intensidad de trabajo con respecto a la frecuencia cardiaca que una persona sin dicho problema?

Pues obviamente no es lo mismo trabajar con un corazón sano a trabajar con uno que ya ha sufrido un daño. Por ello con esta población apreciamos ejercicio de baja intensidad, por debajo del 60% de su frecuencia cardíaca máxima (la cual se ha hallado con una prueba de esfuerzo durante la rehabilitación y en un centro hospitalario), alta intensidad aquel realizado al 80-90% de la FC máxima alcanzada y de intensidad moderada entre el 60-80% (Durá, 2005). Por lo que con un entrenamiento interválico de alta intensidad se trabajaría con la intensidad entre el 80-90% de la frecuencia cardíaca máxima de cada persona con dicha patología, de ahí que el ejercicio sea individualizado y controlado en todo momento.

Referencia bibliográfica: 

Achttien RJ, Staal JB, van der Voort S, Kemps HM, Koers H, Jongert MWA, et al. Exercise-based cardiac rehabilitation in patients with chronic heart failure: a Dutch practice guideline. Netherlands Heart Journal. 2015;23(1):6-17.

Bocalini DS, dos Santos L, Serra AJ. Physical exercise improves the functional capacity and quality of life in patients with heart failure. Clinics. 2008;63(4):437-42.

Durà Mata MJ. Factores pronósticos del cumplimiento de los objetivos de un programa de rehabilitación cardiaca. 2005.

Meyer P, Normandin E, Gayda M, Billon G, Guiraud T, Bosquet L, et al. High-Intensity Interval Exercise in Chronic Heart Failure: Protocol Optimization. Journal of Cardiac Failure. 2012;18(2):126-33.

Autora:

Pepa Gimenez-Guervós

  • Licenciada Ciencias Actividad Ciencias del Deporte.
  • Máster en Promoción de la Salud mediante la Actividad Física.
  • Entrenadora personal centro Rq Clemente Entrenamiento.
¡Compártelo!

raquelclemente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *